Los secretos del secuestro y la liberación del general Mendieta, en el reportaje de Yamid

El siguiente es un apasionante relato del general Luis Mendieta, sobre cómo ocurrió su secuestro, cómo sobrevivió 11 años y 7 meses y cómo fue rescatado sin que ocurriera una sola baja.

«A mí me trasladaron de Santa Marta a Mitú como comandante de Policía en septiembre 16 de 1998. Ya había ocurrido la toma de Miraflores y la presencia subversiva era muy fuerte. Enfrenté durante 43 días una presión fuerte de las Farc. El primero de noviembre, a las 5 de la mañana, 2.000 guerrilleros atacan a Mitú. Eran siete frentes y tres compañías móviles armados con fusiles, granadas, bazucas, lanzafusiles MGL y los famosos cilindros de 40 libras con explosivos plásticos, cilindros de 40 libras y plataformas de lanzamiento que elaboran con cilindros de 100 libras, que son los impulsores».

¿Esperaban el ataque?

Sí. Pero jamás de semejantes proporciones. Éramos 76 hombres y 30 auxiliares bachilleres que prestan su servicio militar obligatorio y cuya única arma es el bastón de mando. Respondemos el ataque. Ellos intensifican los bombardeos con todo. Nosotros teníamos unos fusiles, unas pistolas, unos revólveres, granadas de mano. Con eso reaccionamos y se sostuvo el combate durante 12 horas. Infortunadamente, las instalaciones policiales no eran las más adecuadas y a las 10 de la mañana ya estaban destruidas. Nos ubicamos en la sede del Episcopado y en el edificio de la Fiscalía. Mitú estaba rodeada 43 días antes de la toma.

 

¿Y usted lo sabía?

Todo el mundo lo sabía.

¿Por qué no pidieron ayuda?

Se pidió. Yo envío sendos oficios a mis superiores con datos de lo que estaba ocurriendo. En Mitú no había Ejército. Ni un soldado, sólo nosotros. Desconozco lo que pasó con mis informes.

¿Hasta qué hora continuó el ataque?

A las 10 de la mañana queman el cuartel y avanzan. Yo continué defendiendo mi población, que era la defensa de mi patria.

¿Quién comandaba la guerrilla?

El ‘Mono Jojoy’ estaba en un puesto de mando adelantado y el ejecutor de la toma fue alias ‘Urías’, que luego murió en una operación.

¿Los guerrilleros se tomaron el cuartel?

No. Lo quemaron. Destruyeron parte de la Fiscalía, del Palacio Episcopal, el colegio, y mis hombres y yo vamos quedando sin protección. A las 5 de la tarde llega el avión fantasma, pero no podía realizar acciones ofensivas por proteger la población. Hace un barrido y se va. Quedamos en total estado de indefensión. Todo estaba destruido y la munición agotada. Nos toca salir con las manos en alto. Éramos 45 policías. Los otros habían muerto.

¿Y los bachilleres auxiliares?

Ellos estaban en sus casas. Eran 30 y se lograron salvar 14. A los otros 16 los sacaron casa por casa. Sabían dónde estaban con precisión.

¿Y qué hacen los guerrilleros?

Nos sacan del pueblo en fila y nos llevan hacia el río Mitú. Nos meten en canoas y lanchas y nos llevan río arriba. Van con nosotros los 2.000 guerrilleros. Navegamos unas 6 horas. Al llegar a cierto sitio nos obligan a caminar. Comenzamos a recorrer la selva, ese fue nuestro trajinar. Éramos 61: 45 policías y 16 bachilleres.

¿Y la guerrilla no tuvo bajas?

Muchísimas. Más de 100. En otras lanchas trasladaron los cadáveres. Caminamos por la selva unos 20 días, hasta llegar a un lugar donde construyen un campamento: cortan árboles, hacen unas bases, ponen postes y plásticos. Ellos se ubican en los alrededores y nombran sus turnos de guardia. A nosotros nos amarran con unos cordeles.

¿Nadie nunca logró fugarse?

Sólo Pinchao, que estaba con nosotros.

¿Y cuánto están en ese campamento?

Dos meses más o menos.

¿Y después?

Se camina y se va a otro sitio y se hace otro campamento. Ahí otros 2 ó 3 meses. Y así transcurre el tiempo. Cuando llevaba 2 años de secuestro fuimos a dar a La Macarena, en ese tránsito por la selva, caminando y en embarcaciones. Cuando decretan la zona de despeje y comienzan los diálogos del Caguán, conocí al ‘Mono Jojoy’. Estuvo en el campamento y nos comunicó que éramos prisioneros para un canje.

¿Cómo es el ‘Mono Jojoy’?

De pocas palabras. Calvo, alto. Poco simpático. Comunica que han concentrado la mayor parte de su ejército en la zona de despeje.

¿A los 61 secuestrados cuántos hombres los vigilaban?

500, 600, 700… Y los van rotando. Un día, por ese entonces, nos separan en dos grupos: uno de 30 y otro de 31. Es cuando se produce el primer canje o acuerdo humanitario entre las Farc y el Gobierno.

De nuestro grupo salen 8 enfermos y días después liberan 305 soldados y policías y los auxiliares bachilleres. Quedamos en cautiverio 28 uniformados y es cuando se presentan los secuestros del representante Óscar Tulio Lizcano, de Alan Jara, de Consuelo González, de Luis Eladio Pérez, de Orlando Beltrán, de Gloria Polanco. Los unen a nosotros. Secuestran al senador Jorge Eduardo Géchem y el presidente Pastrana termina el despeje. Llevábamos dos años y medio de secuestro.

Después llegan Clara Rojas e Íngrid Betancourt, y los tres americanos. Somos 38. Nos dividen en 2 grupos. 28 y 10. Separados por alambre, una malla, tabla y teja de zinc. Yo quedo en el grupo de los 28. En el grupo de los 10 quedaron Íngrid, Clara, los 3 americanos, Consuelo González, Eduardo Géchem, Orlando Beltrán, Luis Eladio Pérez y Óscar Lizcano. Vimos que Clara Rojas estaba en embarazo.

Los 38 secuestrados estábamos bajo el mando de ‘Martín Sombra’, capturado años después en Boyacá, enfermo. De vez en cuando veíamos a los 10 secuestrados de la cárcel frente a la nuestra.

¿Y cuál era su estado?

A Íngrid y Clara se les veía mal. Físicamente destruidas. No hacían cosa distinta que llorar. A veces discutían. Las personas en cautiverio tenemos un estrés muy alto. Una crisis estalla por un cubo de azúcar, una cuchara, un pocillo, un pedazo de carne…

¿Y Emmanuel?

Los guerrilleros le hicieron la cirugía de parto a Clara y cuando el bebé nació le fracturaron el bracito. Ellos se encargaron del cuidado de Clara y a los pocos días le traían al niño por horas para que lo consintiera. Luego se lo retiraban. ‘Martín Sombra’ nos saca a los 38 y nos divide en cuatro grupos: 3 de 10 secuestrados y uno de 8. Yo quedo con Consuelo González, Clara Rojas, Géchem, Gloria Polanco, Jara, el coronel Enrique Murillo, el capitán William Donato y sargento Arbey Delgado. Nos sacan del campamento y nos obligan a caminar por la selva. Días y días. Por el esfuerzo de las caminatas, la mala alimentación y una flebitis, estilo trombosis, me fui al piso y no pude volver a caminar. Los guerrilleros adaptaron una hamaca como camilla y me transportaban. En algunas oportunidades nos cruzamos con los otros grupos; inclusive el de Íngrid. Ella estaba muy enferma. La llevaban en camilla. Estaba muy baja de peso. A mediados de diciembre del 2003, llegamos a un sitio y ahí nos dejan un tiempo. Era un rancho de 4 ó 5 palos. A ese lugar le llevaron a Clara a su hijo. Una guerrillera que lo cuidaba se lo entregó. En enero del 2004 se llevan para siempre al niño. Pasan unos meses y la guerrilla pone a alias ‘Jerónimo’ como nuestro carcelero. Los 3 americanos quedaron con un grupo a cargo de ‘César’ y el famoso ‘Gafas’. Yo comienzo a rehabilitarme de las piernas haciendo ejercicio. Me suministraron una vacuna antitetánica y 10 inyecciones de penicilina de 5 millones de unidades. Viene el Plan Patriota, se incrementa la Fuerza Pública, viene una acción decidida del Estado. Nos cambian de sitio y nos llevan a una selva profunda con árboles de 50 ó 60 metros. Ahí permanecemos los 10 unos nueve meses.

¿Cómo se comunicaban con sus mandos?

Tenían GPS. Modernísimos aparatos de comunicación satelital que les permitían ubicar gente, agua… Los usan antes de un asalto, para espiar satelitalmente con una avanzada el lugar; si ellos son copados, los que alcanzan a huir tienen ya establecida una coordenada donde se van a reunir. La vida es tan dura para nosotros como para los guerrilleros, sobre todo para las mujeres; niñas de 14, 16 años…Yo no conocí una guerrillera de más de 30 años.

¿No escribió un diario?

Escribí hasta el día que se acabo la zona de despeje. Cargar un diario es echarse un peso más encima. Lo que había escrito se quedó en la selva enterrado. El tiempo pasa. Es la rutina desesperante. Campamentos, caminatas… Cada 2, 3 meses, cambio de sitio. El sargento delgado llevaba la cuenta de 60 campamentos.

¿Conversaba con los guerrilleros?

Les tienen prohibido. Uno puede hablar con el carcelero o con el encargado de poner las cadenas.

¿Oyó hablar de Chávez?

Muchas cosas.

¿A favor?

Digamos que sienten simpatía y admiración.

¿No es posible una relación entre un secuestrado y una guerrillera?

No. Ellas cocinan, traen leña, agua y son instrumento sexual para ellos. Para nosotros pasaban los días, los meses y los años esperando que de pronto nos mataran. Llega el 2007. En diciembre 18 las Farc deciden entregar sin condiciones a Consuelo González y a Clara Rojas. Anuncian que le devolverán al bebé. ¿Qué ocurre? Que a Emmanuel no lo tiene la guerrilla, que alias ‘Jerónimo’ lo entregó a una comunidad indígena y el cuidandero lo llevó a Bienestar Familiar en San José, y luego apareció en Bogotá. Días después dejan en libertad a Orlando Beltrán y a Gloria Polanco. Luego a Géchem. Quedamos 5: Jara y los 4 que salimos el domingo 13. Jara estaba con paludismo, lo liberan. Seguimos los 4 bajo el control de alias ’45’. En el 2009, en octubre, asume el control alias ‘Jesús’, y con él estuvimos durante estos últimos 8 meses.

¿Y cómo ocurre el rescate?

El domingo 13 llegan alias ‘Jesús’ y alias ‘Judy’, la compañera de él, a preparar el almuerzo. Otros 6 son los encargados de la seguridad. A las 12 del día y frente a nosotros hay 8 guerrilleros. Otros 30 se encontraban lejos en los cercos de seguridad. De pronto estalla un ataque desde afuera, aterrador. Disparos y bombas. Es tan intenso el fuego y el lanzamiento de granadas que los 8 guerrilleros salen corriendo. Yo me tiro al piso, voy en rastra y me protejo.

¿Los guerrilleros por qué no disparan?

La acción es tan contundente y tan de sorpresa que puede más el instinto de supervivencia que la orden que tenían de matarnos si había un ataque. La eficacia de la acción del Ejército es que llega sin un milímetro de error al punto donde estamos. Fue un ataque con ametralladoras, fusiles y granadas. Yo avanzo por entre las palmas; los otros 3 tomaron otro rumbo. El fuego duró más o menos 25 minutos. Sin parar.

¿Y cómo el Ejército logra romper los anillos de seguridad de la guerrilla ?

En el campamento estábamos rodeados de selva y teníamos a la espalda una gigantesca roca. Inaccesible. La guerrilla siempre creyó que por aquí nunca entraría el Ejército. Y es por ahí por donde se produce la acción. Como el desembarco de Normandía.

¿Pero el Ejército descendió por helicópteros?

No. Pura infantería, escalando con lazos toda la cadena montañosa. De pronto, yo oculto tras las palmas, veo que viene un soldado a rastras. Sé que era un soldado porque tenía casco y la guerrilla no lo usa. Cuando está muy cerca me pongo de pie con las manos en alto y le grito que soy un secuestrado.

¿El soldado qué hace?

Tenía fotografías de nosotros. Las mira y me identifica. Me saluda militarmente desde el piso y me pide que lo siga, mientras continúa el ataque del Ejército. Ese es el momento más bello de mi vida. ¡Estoy en libertad! Porque este soldado para mí ya era libertad. Levanté mis ojos. Dios me ha protegido mucho y le di las gracias.

Seguí al soldado. Era mi Ejército salvador. El que tantas noches soñé cuando miraba la selva y pensaba que allá, atrás, estaban nuestros hombres. ¡Qué inmensa es la libertad! ¡Gracias a Dios porque guió al soldado! ¡Gracias a Dios porque me permitió vivir! Casi me había olvidado de qué es la libertad, de qué es vivir, de qué es dormir, de qué es amar, de qué es la felicidad. Mi corazón ya no está fatigado. ¡Es mi libertad!

YAMID AMAT
ESPECIAL PARA EL TIEMPO

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Abrir chat
¿ Necesitas ayuda ?
Bienvenidos al Movimiento Patria Nueva ¿ Podemos ayudarte ?